devolverme las noches en que tuve que taparle la boca a mi hija para que no llorara demasiado fuerte en un motel barato? ¿Va a devolverme los cumpleaños donde ella sopló velas preguntando si su papá podía vernos desde el cielo? ¿Va a devolverme la sensación de no saber si al abrir la puerta encontraría leche o una bala?
Cada pregunta caía sobre mí como tierra sobre un ataúd.
—No —dije.
—Entonces no hable de arreglar.
Se giró para irse.
—Isabel.
Se detuvo, de espaldas.
—Mateo tendrá la verdad. Sofia