El jefe mafioso más temido de Nueva York fingió dormir para probar a su nueva empleada, pero la hija de ella lo cubrió con una manta

como debilidad.

Lo miré.

—No, Sal. Debilidad fue matar a un hombre inocente porque un traidor me puso papeles en la mesa y yo estaba demasiado orgulloso para dudar.

El salón se quedó helado.

—La fuerza no consiste en no equivocarse —añadí—. Consiste en hacer que la verdad sea más temida que la mentira.

Nadie volvió a hablar.

Después de la reunión, Marco me siguió al despacho.

—Hay algo más.

—Dímelo.

—La inicial M de los mensajes de Vincent… creemos que no era Moretti.

Me giré.

—¿Quién era?

Marco dejó