El jefe mafioso más temido de Nueva York fingió dormir para probar a su nueva empleada, pero la hija de ella lo cubrió con una manta

—No voy a matarte esta noche —dije.

Por primera vez, su sonrisa falló.

—Qué considerado.

—No es consideración. Es método.

La puerta se abrió.

Marco entró con dos hombres.

—Malcolm Vale —dije—, quedas fuera de todas mis compañías, fideicomisos y operaciones. A esta hora, tus accesos ya están congelados, tus cuentas espejo fueron cerradas y tus comunicaciones están en manos de personas que no trabajan para ti.

Su rostro perdió color.

—No puedes hacer eso sin mí.

—Ya lo hice.

—Cometerás un error.

—Ya cometí uno hace cuatro años. Hoy