arriba. Y ese es usted. Pero Rosa dice que siempre usa negro, entonces no tenía que buscar otro color.
Miré el dibujo.
No sabía qué hacer con algo tan simple.
—Gracias.
—Puede ponerlo en su refri.
No había dibujos en mi refrigerador.
Nunca había habido dibujos en mi refrigerador.
—Lo haré.
Isabel nos miraba desde la entrada.
Su expresión seguía cautelosa, pero ya no era terror puro.
Cuando Sofia fue a buscar galletas con Rosa, Isabel se acercó.
—Me dijeron que encontró al hombre que incriminó a Mateo.
—Sí.
—¿Está