a usted.
La frase me arrancó una sonrisa leve.
—Creo que perdí.
—No. Creo que por primera vez no hizo trampa.
Nos quedamos frente a frente.
Durante un segundo, todo lo que nos separaba estuvo allí: Mateo, la sangre, los años perdidos, la culpa, el miedo, mi apellido, mi mundo.
Y aun así, también estaba Sofia dormida detrás de una puerta.
Una niña que había caminado junto al dinero sin verlo.
Una niña que pensó que un hombre peligroso solo necesitaba una manta.
Isabel habló primero.
—No sé qué somos,