yo sería capaz de hacerlo.
—Estaremos bien —le dije—. Envía fotos.
Ella lo hizo.
En una de las fotos, se la veía riendo con su hermana frente a un jardín que ninguna de las dos había desyerbado.
La guardé junto a la foto de Marlene sosteniendo a Lucy en el hospital.
El suéter amarillo acabó por quedarme pequeño.
La doblé y la metí en una caja junto con la primera ecografía y la tarjeta que la hermana de Gavin había dejado con la cena.
Yo no puse los documentos financieros