lo que significaba aquella memoria USB.
Una funcionaria me preguntó si podía demostrar que los 90 mil pesos eran nuestros.
Saqué los comprobantes de la venta de las máquinas del taller de mi madre y los registros de nuestros ahorros.
Mi esposo también declaró.
No había ningún misterio financiero, ninguna deuda escondida y ninguna autorización que justificara lo ocurrido.
Simplemente, mi suegra había descubierto un dinero que no le pertenecía y decidió tomarlo.
La investigación continuó durante las semanas siguientes.
Beatriz contrató un abogado y mantuvo la misma versión.
Insistía