de nuestras vidas.
PARTE 2
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Mi suegra no necesitaba nuestro dinero para pagar medicinas, comprar comida ni resolver una emergencia.
Lo quería para presumir.
Todo comenzó en una tienda de antigüedades de Tlaquepaque, donde una conocida le mostró un jarrón de porcelana azul que, supuestamente, había pertenecido a una familia adinerada.
—Esta pieza podría duplicar su valor en unos años —le aseguró la vendedora—. Cuesta 45 mil pesos, pero es una oportunidad extraordinaria.
Beatriz quedó fascinada.
Se imaginó el jarrón en su sala, rodeado de fotografías familiares, mientras