Mi prometido olvidó colgar la videollamada y escuché cómo planeaba dejarme sin casa después de la boda… así que cambié el guion de la ceremonia

casi todo para los niños.

Pilar investigó.

Después empezó.

—Me dijo que casarme contigo también podía solucionar mis problemas.

—¿Y tú?

—Le dije que no.

—¿Cuánto tardaste en cambiar de opinión?

Silencio.

—Tres meses.

—¿Por qué?

—Miedo.

—No.

Negué.

—Miedo es una emoción.

Yo te pregunto por la decisión.

Adrian tragó.

—Porque empecé a pensar que si algún día todo iba a ser familiar, no importaba de quién fuera primero.

Ahí estaba.

La lógica podrida.

—Mi casa se convertiría en “nuestra”.

—Sí.

—Tus deudas también.

—Sí.

—Pero yo solo conocía