su ubicación “porque las parejas no deben tener secretos”.
Ella respondió:
—No.
Él se enfadó.
Sophie terminó con él.
Después vino a casa.
—¿Estoy exagerando?
—No sé.
—¿Qué?
—No puedo decidir tus límites por ti.
Pausa.
—¿Te hacía sentir controlada?
—Sí.
—Entonces ya tienes información.
Ella sonrió.
—La terapia te hizo insoportable.
—Gracias.
Mateo cumplió doce.
Después trece.
Una tarde me preguntó:
—¿Adrian era malo?
La pregunta me sorprendió.
—Hizo cosas malas.
—No es lo mismo.
—No.
—¿Entonces?
Pensé.
—No quiero que aprendas que las personas se dividen fácilmente entre