buenas y malas.
Pausa.
—Adrian podía ser cariñoso y manipulador.
Generoso y egoísta.
Podía sentir afecto y aun así usar ese afecto para conseguir algo.
Eso es precisamente lo que hace algunas situaciones peligrosas.
Mateo frunció el ceño.
—Complicado.
—Mucho.
—Prefiero videojuegos.
—Yo también.
Cuatro años después conocí a Daniel.
No en una fiesta.
No en una aplicación.
En una oficina de seguros.
Romántico.
Él tenía cuarenta y siete.
Divorciado.
Una hija universitaria.
Trabajaba como arquitecto.
No intentó impresionar a mis hijos.
Eso fue lo primero que me gustó.
Cuando