Mi prometido olvidó colgar la videollamada y escuché cómo planeaba dejarme sin casa después de la boda… así que cambié el guion de la ceremonia

de mis decisiones.

Lo que más me avergüenza no son los documentos.

Es Mateo.

Decir que quería ser su padre porque necesitaba que confiaras.

No tengo una explicación que lo vuelva menos cruel.

Espero que esté bien.

Espero que Emma y Sophie también.

No necesito saberlo.

Solo espero que lo estén.

No volveré a escribir.”

Leí dos veces.

Después guardé la carta.

No contesté.

Daniel preguntó:

—¿Estás bien?

—Sí.

—¿Quieres hablar?

—No todavía.

—Bien.

Horas después fui yo.

—Creo que cambió.

Daniel no pareció amenazado.

—Puede ser.

—No lo sabremos.