Mi prometido olvidó colgar la videollamada y escuché cómo planeaba dejarme sin casa después de la boda… así que cambié el guion de la ceremonia

que vi los manteles.

Marfil.

Me reí sola.

Emma preguntó:

—¿Qué?

—Nada.

Después de la ceremonia, Mateo —ya un hombre— se sentó conmigo.

—¿Alguna vez te alegraste de que pasara?

—¿Qué?

—Lo de Adrian.

Negué inmediatamente.

—No.

—Pero conociste a Daniel.

—Eso no convierte lo anterior en necesario.

Pausa.

—Podría haber conocido a Daniel sin que alguien intentara quedarse con nuestra casa.

Mateo rio.

—Justo.

—No me gusta esa idea de que todo daño “tenía que pasar”.

Algunas cosas simplemente pasan.

Pausa.

—Lo importante es qué construyes después.

Ésa fue