pastel?
Sonreí por primera vez.
—Habrá pastel.
—Entonces todo bien.
A la mañana siguiente me puse el vestido.
No porque todavía fuera a casarme.
Porque había pagado por él.
Y porque quería que Adrian me viera entrar exactamente como había imaginado.
La finca estaba llena.
Doscientas personas.
Familia.
Socios.
Amigos.
La madre de Adrian ocupaba la primera fila con una sonrisa satisfecha.
Él me esperaba junto al altar.
Cuando llegué, me besó la mejilla.
—Estás increíble.
—Gracias.
—¿Trajiste los documentos?
Sonreí.
—Todos.
Sus ojos brillaron.
La música comenzó.
Los invitados