solicitado inmediatamente después de la ceremonia, salvo que concurrieran circunstancias excepcionales.
No era una decisión mía.
Tampoco podía modificarla.
Gabriel tomó la hoja y comenzó a leer.
Su rostro fue perdiendo color.
—Esto no puede ser verdad.
—Puedes consultar con un abogado —respondí—. También puedes presentar una solicitud de revisión. Aquí están las instrucciones.
Ada me miró como si quisiera atravesarme con los ojos.
—Lo has preparado a propósito, ¿verdad? Sabías que pasaría esto.
Apoyé las manos sobre el escritorio.
—Ayer les pregunté dos veces si deseaban casarse. Los dos