comerciales.
Cuando descubrieron que Gabriel estaba legalmente casado con Ada, estalló el caos.
Su madre me llamó una tarde.
—Nina, querida, tenemos que hablar como personas adultas.
Su tono era dulcísimo.
—La boda está muy cerca. Imagínate lo que dirá todo el mundo si se cancela.
—Que no nos casamos.
—Pero ya está todo reservado.
—Entonces tendrán que cancelar las reservas.
Suspiró.
—Gabriel te quiere muchísimo. Lo sabes. Los hombres a veces hacen tonterías.
—Casarse con otra mujer no es una travesura, señora Valdés.
Hubo un silencio incómodo.
Después su