—Que el matrimonio desaparezca como si nunca hubiera existido. Dice que arruiné su vida.
La observé en silencio.
—Tú querías casarte con él.
—Pensé que me quería.
Aquellas palabras me sorprendieron menos de lo que esperaba.
Ada se secó las mejillas.
—Gabriel siempre me decía que tú eras demasiado seria. Que conmigo podía divertirse, ser él mismo. Me buscaba cuando discutían, me llamaba por las noches… Me hacía sentir especial.
No dije nada.
—Pensé que, si finalmente tenía que elegir, me elegiría a mí.
Bajó la cabeza.
—Pero el día