ME OBLIGARON A CASAR A MI PROMETIDO CON SU «MEJOR AMIGA» EL DÍA DE SAN VALENTÍN. AL DÍA SIGUIENTE, CUANDO VOLVIERON PARA DIVORCIARSE, LES DI UNA NOTICIA QUE LOS DEJÓ HELADOS.

—¿Y ahora?

—Ahora entiendo que nunca gané nada.

La miré durante unos segundos.

Después respondí:

—Acepto que te arrepientas, Ada. Pero no confundas eso con que tengamos que ser amigas.

Ella asintió.

—Lo sé.

Antes de marcharse, se volvió.

—Hay algo más que deberías saber.

Sacó un sobre de su bolso.

—Gabriel ha estado diciendo a nuestros amigos que, cuando se divorcie, tú volverás con él. Incluso ha conservado la reserva del restaurante donde iban a casarse.

Me entregó una copia de un correo electrónico.

Era una confirmación de la