celebración, reprogramada para septiembre.
Aparecían nuestros dos nombres.
Gabriel Valdés y Nina Martínez.
Sentí un escalofrío.
No por tristeza.
Por la absoluta incapacidad de aquel hombre para aceptar que yo tenía voluntad propia.
Aquella misma tarde contacté con el restaurante.
Expliqué que no existía ningún compromiso matrimonial entre Gabriel y yo, y solicité que retiraran mi nombre de cualquier documentación promocional o comunicación relacionada con el evento.
Después envié una carta formal a Gabriel.
Fue breve.
Le comuniqué que nuestra relación había terminado definitivamente, que no consentía ningún anuncio de