—Entonces debería explicar por qué convirtió aquella ceremonia en una celebración pública.
El abogado guardó silencio.
Añadí:
—Y, por favor, no vuelvan a contactarme para pedirme declaraciones falsas.
Terminé la llamada.
Aquella noche Gabriel me envió un correo electrónico.
Era tan largo que tuve que desplazar la pantalla varias veces.
Hablaba de nuestros viajes, de nuestras primeras citas, de cómo habíamos decorado el apartamento y de todos los planes que habíamos hecho.
Al final escribió:
«Nina, he comprendido que eres la única mujer con la que quiero compartir mi vida.