boda en mi nombre y que debía dejar de utilizar mis datos personales para organizar celebraciones.
No hubo reproches.
No hubo amenazas.
Solo límites claros.
Tres días después, recibí una llamada de su abogado.
Quería saber si yo estaría dispuesta a firmar una declaración afirmando que Gabriel había contraído matrimonio bajo presión y sin comprender las consecuencias.
—Mi cliente considera que todo fue una broma desafortunada —explicó.
—Su cliente acudió voluntariamente al Registro Civil, presentó su documentación y firmó todos los formularios.
—Pero la intención nunca fue formar una familia.