bicicleta rosa y oxidada. El agua empapaba su chamarra delgada y sus zapatos rotos por las orillas apenas cubrían sus pies. Tenía el rostro pálido y una mirada agotada que ningún niño de su edad debería conocer.
Rocco frunció el ceño:
—¿Qué haces aquí sola bajo la tormenta?
La niña empujó la bicicleta con ambas manos hacia él:
—Por favor —susurró—. Mi mamá lleva días sin comer nada. No puedo vender las cosas de la casa, así que vendo mi bici.
Algo se contrajo en el pecho de Rocco.
Los