niños solían salir corriendo cuando lo veían. Los adultos bajaban la cabeza con terror. Sin embargo, la pura desesperación había empujado a esta pequeña a acercarse a un hombre como él sin dudarlo.
—¿Cuánto tiempo lleva sin comer?
La niña bajó los ojos antes de responder:
—Desde que vinieron esos hombres.
La mirada de Rocco se endureció:
—¿Cuáles hombres?
—Los que dijeron que mi mamá les debía dinero —susurró ella mirando hacia los lados, temerosa de que alguien la escuchara—. Se llevaron todo. Los muebles, la ropa… hasta la cuna