sala de espera, sosteniendo en mi mano la pequeña tapa de su viejo telescopio.
Cuando finalmente salió el médico, mamá se levantó de inmediato.
El médico sonrió.
«Todo salió bien».
Han pasado dieciocho años desde aquel día.
Ahora el abuelo es muy mayor.
Pero todos los años, en la misma fecha, sigo yendo a su casa.
Colocamos dos colchones en el porche, ponemos el telescopio junto a la ventana y esperamos a que aparezca la primera estrella fugaz.
Y cada vez, sin excepción, el abuelo sonríe y me pregunta:
«Entonces, ¿