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Elena se llevó una mano a la boca, perdiendo las pocas fuerzas que le quedaban, y se sentó en el sofá. Julián dio un paso atrás, manteniendo una distancia respetuosa.
—No quería destruirte, Marcus —confesó ella entre sollozos, con la mirada cargada de una culpa que no le correspondía—. Llevas dos años matándote de trabajar para levantar esta empresa y honrar la memoria de tu padre. Cuando el abogado de la fiduciaria me llamó para advertirme de las inconsistencias y me mostró las firmas falsas