aplausos. Comprendió entonces que una familia no era algo que un hombre recibía como premio, sino una responsabilidad que podía perder por orgullo. Lucía observó la escena junto a Mariana. Durante años, los Robles habían intentado convencerla de que estaba rota, sola y destinada a no ser madre. Ahora tenía a su hija en brazos, a su madre recuperando lentamente la
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memoria y una vida que ya no dependía de la aprobación de nadie. La niña abrió los ojos y sujetó el dedo de