su abuela. Mariana sonrió y recordó de pronto una canción que cantaba cuando Lucía era pequeña. Mientras aquella melodía llenaba la habitación, Lucía entendió que la verdad no había reconstruido la familia que le arrebataron. Había hecho algo más poderoso: les había devuelto la oportunidad de construirla de nuevo.
Su exmarido la invitó a la boda para humillarla: “Ella sí pudo darme un hijo”, pero la vio entrar con su verdadera hija y las pruebas que destrozaban a toda su familia