era real, la vieran mis padres o no.
Pero quería que la vieran.
No por la casa en sí. Por algo más antiguo. Por esa parte de mí que sigue siendo hija, y no solo arquitecta; esa parte que convive con mi faceta profesional, con mi faceta de persona realizada, con esa parte que ha aprendido a no necesitar lo que en su día se le negó, pero que, a pesar de todo, sigue tendiendo la mano.
Los invité por Navidad.
Empecé a preparar todo con tres semanas de antelación.