comedor con cuatro días de antelación y la observé desde distintos ángulos para imaginar qué se sentiría al sentarse a ella; quedé satisfecho con la sensación que transmitía.
Y luego, cuatro meses antes de todo esto, Megan —sin decirme nada— presentó la casa a una productora de televisión nacional que realizaba programas especiales sobre casas vacacionales.
Lo hizo porque conocía el valor de la casa y el mío, y decidió que ambos merecían un público más amplio que el de la comunidad de promotores inmobiliarios de la región. Tomó la