mirado tantas veces durante los veinte meses que duró su construcción: con la atención absoluta de quien conoce cada detalle que se invirtió en ella y comprende lo que todo eso costó.
Dijo: se pierden esto.
Dije: se pierden la cena.
Dejó mi teléfono sobre la mesa.
Dijo: no, Miranda.
Dijo: se te pierden a ti.
Ella
Lo dijo sin suavizarlo. Así era Megan. Decía la verdad tal cual es, sin adornarla con algo más digerible.
Dije: Lo sé.
Ella preguntó: ¿De verdad lo sabes?
Dije: Sí. De verdad lo