control del coche mientras regresaba del trabajo.
—¿Y quién era Rafael Ortega?
Mamá respiró profundamente.
—Un compañero de la fábrica. Eran muy amigos.
Recordó que, semanas antes del accidente, Rafael había comenzado a tener problemas personales.
Estaba separado de su esposa y atravesaba una situación económica difícil.
Papá intentaba ayudarlo.
La noche del accidente, Rafael llamó a nuestra casa.
Mamá contestó.
—¿Está Gabriel? —preguntó con voz desesperada.
—Todavía no llega.
—Dígale que necesito hablar con él. Es urgente.
Poco después, papá llegó.
Cuando mamá le contó sobre la llamada, él