Finalmente vendió la casa grande y se mudó a un departamento pequeño con muchas plantas y ventanas.
Sale a caminar todas las mañanas.
Visita a sus nietos.
Y cada domingo prepara la comida para toda la familia.
En la sala tiene una fotografía de papá.
Debajo colocó una frase que él escribió en su última carta:
«La vida no se mide por los años que tenemos, sino por el amor que damos y recibimos».
A veces me quedo observando aquella fotografía.
Pienso en el joven de veinticinco años que perdió