cinco años sintiéndose solamente cuidado. También encontró maneras de cuidar a la mujer que había elegido compartir su vida con él.
En la sala tiene una fotografía de papá.
Debajo colocó una frase que él escribió en su última carta:
«La vida no se mide por los años que tenemos, sino por el amor que damos y recibimos».
A veces me quedo observando aquella fotografía.
Pienso en el joven de veinticinco años que perdió la capacidad de caminar.
En la mujer de veintitrés que decidió permanecer a su lado.
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