Tal vez él tampoco sabía amar bonito. Pero eso no significaba que no hubiera sufrido.
Dos días después compró un pasaje de regreso a casa. Amir la llevó al aeropuerto.
—¿Volverás? —le preguntó.
Ella lo miró con una sonrisa triste.
—No creo.
—¿Por qué?
Mariana respiró hondo.
—Porque vine hasta aquí para huir de mi vida. Pero entendí que, si quiero cambiar algo, tengo que volver y cambiarlo allá.
Él se quedó callado unos segundos. Luego le puso en la mano una pequeña caja. Dentro estaba aquel par de de