hacerlo. Cada hora. Cada minuto.
Pero había vuelto a encender el móvil. Lo sabía porque lo había comprobado. Y no me había llamado. Y yo había perdido el derecho a llamarla.
Así que hice lo que me dijo que hiciera.
Dáselo a alguien que realmente se esté muriendo.
No le cobré el cheque.
No pude. Estaba a nombre de MD Anderson. No pude cobrarlo. Y no lo habría hecho aunque hubiera podido.
Pero el martes por la mañana conduje hasta el hospital MD Anderson en Houston.
Fui a la oficina