—Todavía es demasiado pronto para saberlo. Las próximas horas serán importantes.
Me cubrí la boca.
Maya estaba viva.
Por primera vez aquella noche, pude respirar.
Cuando finalmente me permitieron verla, estaba conectada a varios monitores.
Su pequeño rostro parecía aún más frágil bajo las luces del hospital.
Me senté junto a su cama.
—Estoy aquí, mi amor.
Sus dedos se movieron ligeramente sobre la sábana.
Después abrió los ojos.
—Mamá…
Las lágrimas comenzaron a correr por mis mejillas.
—Aquí estoy, cariño.
Su voz era apenas un susurro.
—¿Los abuelos vinieron?