propios medios. Mi mejor amigo, Daniel, me escuchó gritar pidiendo ayuda y entró corriendo en el edificio.
Se le quebró la voz.
—Consiguió sacarme. Pero él no sobrevivió.
Mi madre lloraba en silencio.
—Daniel tenía tres hijas. Su esposa estaba gravemente enferma. Después del funeral fui a visitar a su familia. La pequeña Jessica me miró y me preguntó cuándo volvería su papá a casa.
Mi padre comenzó a llorar.
—No supe qué responderle.
Yo todavía intentaba comprenderlo todo.
—Pero ¿por qué le pagabas a mamá para que guardara silencio?