querer rendirse.
Daniel aprendió a reconocer aquellos días.
Aprendió cuándo animar a su hijo y cuándo simplemente sentarse a su lado.
Aprendió a hacer panqueques sin quemarlos.
Aprendió que Noé odiaba los tomates, amaba las viejas películas de aventuras y se reía mucho de los chistes que no tenían absolutamente ningún sentido.
También aprendió algo que ninguna escuela de negocios podría haberle enseñado.
La confianza se construyó en pequeños momentos.
Una promesa cumplida.
Una mano ofrecida.
Un padre que regresó cuando dijo que lo haría.
Un sábado por la mañana,