pudo mirarme.
—Genética.
Me levanté.
—¿Le hiciste pruebas a nuestra hija sin decírmelo?
—Mi madre insistió porque Emma nació con un marcador que también tenía Rebecca.
—¿Y qué encontraron?
Daniel caminó hasta el estudio.
Regresó con un sobre amarillento.
Quince años guardado.
Lo dejó frente a mí.
El informe no cuestionaba que Emma fuera nuestra hija.
Mostraba otra cosa.
Un patrón hereditario en la familia de Daniel que los médicos de entonces recomendaron estudiar si algún día teníamos más hijos.
—¿Guardaste esto quince años?
—Después de tus pérdidas pensé que