a perder para proteger a Claire y a los gemelos».
Miré la fotografía de Ethan y Eva que había colocado sobre mi escritorio.
Durante años había creído que el dinero podía solucionar cualquier problema.
Pero ahora comprendía que mi fortuna había atraído a personas dispuestas a destruir mi matrimonio para conseguirla.
Y lo peor era que yo mismo les había abierto la puerta.
A la mañana siguiente, Claire me llamó inesperadamente.
Su voz sonaba preocupada.
—Adrian, necesito hablar contigo.
Sentí que el corazón se aceleraba.
—¿Están bien los niños?
—Sí.