aparecía frente a un edificio de oficinas en Washington.
Pero lo que me dejó sin respiración no fue su rostro.
Fue la mujer que estaba junto a él.
Rachel.
Mi hermana.
—Eso es imposible —susurré.
Alexander tomó la fotografía.
Su expresión cambió por completo.
—¿Cuándo se tomó esto?
—Hace seis semanas —respondió el asesor.
Alexander levantó lentamente la mirada.
—Rachel me dijo que había pasado esa semana en Nueva York preparando la boda.
El rey se volvió hacia mí.
—Comandante, necesitamos saber si recuerda alguna conversación con ese hombre durante