nombre.
A la mañana siguiente fui a la fábrica. Quería saber qué había sucedido y por qué nadie me había llamado antes.
Mi padre me encontró en el estacionamiento.
Cuando me vio, me agarró del brazo y me apartó de la entrada.
—¿Qué haces aquí?
—¡Daniel ha muerto! —grité—. ¡Quiero saber qué ocurrió!
Mi padre miró a su alrededor antes de responder.
—Fue un accidente. No puedes cambiarlo.
—Él me llamó anoche. Estaba asustado. Me dijo que había descubierto algo.
Frank me sujetó con más fuerza.
—Escúchame bien. Olvida todo