hacer algo así.
Mi padre nos llamó repetidamente aquella noche.
Ninguna de las dos contestó.
Durante las semanas siguientes, mi madre solicitó el divorcio y yo presté una declaración formal sobre lo sucedido.
Mi padre finalmente admitió que Daniel le había ofrecido cancelar la deuda si yo aceptaba casarme con él.
Pero había un último detalle que destruyó el poco amor que todavía sentía por mi padre.
Daniel no lo había amenazado.
No le había exigido que me llevara a aquella casa.
Había sido mi propio padre quien había propuesto