no sabía qué responder.
Gabriel intentó tomarle la mano.
Ella no se apartó, pero tampoco sonrió.
—Todavía me duele que hayas vuelto a mentirme con lo de la ruina.
—Lo sé.
—Si queremos recuperar algo de lo que perdimos, tendrá que ser sin más pruebas de amor inventadas.
Gabriel asintió.
—Nunca más.
Durante los días siguientes, Marta reconstruyó los movimientos del dinero destinado a Alba.
Los pagos habían salido de cuentas controladas por Gabriel, pero terminaban en una sociedad profesional vinculada a Garrido.
Los recibos de Elena llevaban firmas falsificadas.