años y mi hija Emily es la única familia que me queda.
Su madre murió cuando Emily tenía apenas dos años. Desde entonces, he dedicado toda mi vida a criarla yo solo.
El domingo pasado, Emily me pidió que la llevara al río donde solíamos pasar los fines de semana.
—¡Papá, por favor! ¡Vamos a tomarnos una foto juntos! ¡Quiero recordar este día para siempre!
Llevaba su vestido favorito, blanco con flores. Estábamos junto al agua, sonriendo, sin imaginar siquiera que nuestras vidas estaban a punto de cambiar para siempre.