Veinte minutos después, mi hija había desaparecido.
Un momento antes estaba caminando cerca de los árboles. Al instante siguiente, ya no podía verla por ninguna parte.
—¡EMILY! ¡¿DÓNDE ESTÁS?!
Corrí por la orilla del río, gritando desesperadamente su nombre.
Entonces vi algo tirado sobre la hierba.
Su vestido blanco de flores.
Mis manos comenzaron a temblar sin control.
—¡NO! ¡EMILY!
La busqué por todas partes, pero no había ni rastro de ella.
Aterrorizado, llamé a la policía.
Llegaron tres patrullas. Los agentes comenzaron a registrar la orilla del río mientras