nuestra casa.
No podía entrar en aquella cocina.
No podía ver la mesa.
No podía mirar dos platos sin recordar la mano de Marcus sobre el pequeño frasco.
James llegó con los últimos reportes de la empresa.
“Los hoteles están bien. Las cuentas están protegidas.”
Por primera vez sentí algo parecido a tranquilidad.
Entonces llamó mi abogada, Rebecca.
“Victoria, mañana tendremos una reunión con la fiscalía.”
Me senté.
“¿Por Sophia?”
“No. Por Marcus.”
El silencio me golpeó.
“¿Me van a acusar?”
“Aún no. Pero quieren saber exactamente por qué cambiaste