Tras la muer:te de mi esposo, escondí mi herencia de 500 millones de dólares… solo para ver quién me trataría bien

la inauguración, alguien me preguntó:

—¿Se arrepiente de algo?

Pensé en el jardín.
En el vestido negro.
En el álbum abierto sobre la tierra.

—Sí —respondí—. De haber creído que la bondad era debilidad.

Sonreí.

—Pero ya no.

Porque el amor verdadero no te deja desprotegida.

Te prepara.

Y cuando intentan arrojarte al suelo…
descubren demasiado tarde
que eras la dueña del lugar donde caes.