esperando que el vapor se llevara la sensación de haber sido arrojada a la calle como basura.
No se fue.
A las tres de la mañana, el teléfono vibró.
Un solo mensaje.
Un número que no tenía guardado.
“Mañana. 9:00 a.m. Oficina Harrington & Co.
Pregunte por el Sr. Klein.”
No hubo firma.
No hubo explicación.
Solo esa frase.
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Recordé las manos de Oliver en mi rostro.
“Lo cambié todo.”
Por primera vez desde su muerte, respiré hondo.
El edificio Harrington & Co.