abrió los ojos.
—¿Ciento cincuenta?
—Queremos que dirijas el proyecto.
Ella hojeó los documentos.
Era una propuesta para crear una red de ciudades sostenibles en varios continentes.
No era un proyecto.
Era una revolución.
Elena levantó la mirada.
—¿Cuándo empezamos?
Todos sonrieron.
Aquella misma noche, Elena salió sola del edificio.
No necesitaba escoltas.
No necesitaba un conductor.
Caminó por las calles de la ciudad que había diseñado.
Una niña la reconoció.
—¡Mamá! ¡Es ella!
Una mujer se acercó.
—¿Usted es Elena Moore?
—Sí.
—Mi hija estudia en la escuela de